Futbol Palencia

Los aficionados deben recuperar su poder de decisión, para salvar al fútbol de la crisis

Lejos de las luminarias que apuntan a los grandes equipos de Primera División, el fútbol español sobrevive gracias al empeño y tesón de los jugadores. Los jugadores de los equipos de Tercera División, así como los de Categorías Regionales, no son considerados jugadores profesionales y por lo tanto no perciben salarios o, si acaso llegan a tenerlos, son tan bajos que ni siquiera se equiparan al sueldo mínimo.

Los jugadores que participan en estas categorías deben conformarse con una palmada en la espalda, tras horas de prácticas y juego duro. En la mayoría de los casos, compaginan la actividad deportiva con otros trabajos, frecuentemente asociados a labores como cerrajeros, fontaneros y electricistas, que por ser de libre ejercicio les confieren un poco más libertad en sus horarios. No olvidemos que además de los partidos, los jugadores deben asistir a entrenamientos regulares, con largas y agotadoras sesiones de ejercicio. Pero, sobrellevar la carga de dos trabajos afecta física y emocionalmente a estos deportistas.

Por un lado, el fútbol no les ofrece las garantías económicas mínimas para sustentarse, pero los fanáticos le exige un alto rendimiento, y pueden ser objeto de presiones y actos de violencia por parte de seguidores molestos. Todo esto afecta su salud y desestimula la práctica del deporte.

La solución a este problema está lejos de vislumbrase. Estos clubes apenas perciben ingresos, pues no tienen derechos de televisión y carecen de pagos por publicidad, o, si los tienen, son sumas irrisorias. En consecuencia, dependen casi totalmente de su hinchada.

Al final del día, son los aficionados quienes, con sus abonos, la compra de entradas y los sorteos navideños, sustentan la operatividad de los equipos. Pero las cifras recaudadas resultan insuficientes y los presidentes de los clubes deben hacer maromas para sortear los problemas económicos y cuadrar las cuentas.

Por otra parte, la inversión extranjera no ve incentivos suficientes en estas categorías, pues tienen un futuro muy incierto y una baja rentabilidad, en comparación con el capital invertido. Algo similar puede decirse de los patrocinadores, quienes echan en falta la transmisión por televisión, como mecanismo para rentabilizar sus aportes.

El ascenso, una vía de escape muy complicada

El rayo de luz que significa el ascenso a Segunda División B, es más una quimera que una posibilidad cierta. Lograr el pase supondría iniciar el camino hacia la profesionalización de estos clubes.

Pero es un camino empedrado, que termina en un embudo muy selectivo. En el proceso se disputan 18 ligas, de las cuales se eligen los mejores equipos para disputar una fase de playoff de ascenso. Son muchos los participantes y muy pocas las plazas disponibles.

Para que el futbol pueda seguir siendo el deporte rey será necesario recuperar su esencia y acercarse a la fanaticada, dejando de enfocarse en la perspectiva de negocios que signa su actual desempeño. La concentración de acciones en pocas manos han permitido el surgimiento de auténticas estrellas, convirtiendo al fútbol en un espectáculo de masas apoyado en efectivas estrategias de márketing, pero han perjudicado el desarrollo del deporte.

Iniciativas como Tu Fe Nunca Decaiga o la Asociación Señales de Humo, organizaciones sin fines de lucro conformadas por aficionados y accionistas minoritarios del Real Sporting de Gijón y del Club Atlético de Madrid, respectivamente, buscan visibilizar los problemas que se derivan de la concentración de acciones y aspiran a promover la participación de sus seguidores en la toma de decisiones de sus clubs.

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